Abstract
Defenderé que la tesis de la mente extendida no es un argumento a favor de la posibilidad del transhumanismo. Si la tesis es cierta, el que nuestra mente se extienda en el mundo no es algo que se da exclusivamente por las nuevas tecnologías, sino que es una característica que poseemos desde hace miles de años. La inscripción de signos en las cavernas sólo difiere en grado de los implantes tecnológicos de un cyborg. Argumentaré lo anterior mostrando que, aunque los cyborgs pueden obtener cierta información que un cuerpo humano normal puede no tener, esta diferencia no es cualitativa. El qualia de la experiencia humana tendría que variar radicalmente para que sea posible afirmar que el cyborg es algo distinto y superior. En últimas, quizás los seres humanos siempre hemos sido cyborgs.